CULTIVEMOS LA PACIENCIA
“Para conseguir la verdadera Paz tienes que aprender a tener Paciencia”
Eugenia Herrera
De pequeña cuando se acercaba cualquier fecha importante donde sabía que recibiría algún obsequio, mi corazón se aceleraba cada que se acercaba el día deseado. Sentía que no podía esperar más por tener lo que anhelaba en mis manos. Al crecer todas las cosas las quería para ayer, me desesperaba el hecho de que el día sólo tuviera 24 horas, pues mi vida era de prisa. Tenía que hacer y tener todo para yá.
Cuando aprendo a meditar y empiezo a encontrarme conmigo misma, me dí cuenta que la paciencia es una cualidad de la que muchos hablan pero pocos tienen y practican.
Según las definiciones que encontré en internet, se describe a la paciencia como sinónimo de mansedumbre, tolerancia, sufrimiento, resignación, conformidad, aguante. Es la capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. Etimológicamente la palabra proviene del latín Patientia y significa cualidad del que sufre.
La realidad, es que en el idioma castellano paciencia se compone de dos palabras PAZ CIENCIA, lo que podríamos traducir como La Ciencia de la Paz.
Pero ¿Encontramos Paz en el sufrimiento? ¿Es el sufrimiento una Ciencia? ¿Paz y sufrimiento es lo mismo?
Algunos han definido la paciencia como una notable cualidad humana y una actitud psicológica positiva, afirman que los seres humanos no pueden vivir una vida feliz y sana sin paciencia.
“No se trata tanto de que usas la mente equivocadamente: generalmente no la usas en absoluto, sino que ella te usa a ti. Esa es la enfermedad. Crees que tú eres tu mente. Ese es el engaño. El instrumento se ha apoderado de ti”.
– Eckhart Tolle –
Es importante decirte que la paciencia si se quiere es un arte maravilloso donde se desarrolla el saber esperar, respetando los tiempos y realizando pausas cuando lo ameritemos, es necesario aprender a reconocer lo que pensamos, pues nuestra mente ayudada por el ego hace que este arte se convierta en tortura y sufrimiento, de allí su definición etimológica. Cuando más telarañas formadas por nuestras creencias se hagan más y más grandes, es cuando más necesitamos parar, analizar y tranquilizarnos para seguir adelante. El tener un espacio en blanco – como le llamo yo – y permitir que las aguas tomen su cauce, esto nos ayuda a discernir mejor y por ende podemos ver todo desde la perspectiva de la calma.
Realmente la paz de la que nos habla la paciencia es de la interior. Cuando somos capaces de convertirnos en observadores de aquello que nos hace sufrir o nos saca de nuestro eje, entonces hemos logrado nuestro equilibrio interior para frenar nuestros impulsos primarios y sustituirlos por un proceso de análisis pausado.
Para que podamos lograr esta paz requerimos de una mente comprensiva, empática y paciente, que a pesar de lo que ocurra fuera, sepa permanecer tranquila y centrada. Es decir, miremos desde afuera como el río toma su cauce.
Algo importante de recordar es que todo tiene un principio y un final y todo aquello que perturbe tu paz emocional, mental y física, tiene un comienzo pero también tiene un final.
Recuerda que el cultivar la paciencia te ayuda a que cualquier problema sea resuelto con conciencia y tranquilidad, por ende este tendrá una duración menor y que las consecuencias sean manejables.
Sat Nam. Namasté.
