– Eugenia Herrera –
La Luna siempre ha sido una representación al poder femenino, es la más fina representación de la deidad llamada mujer, es el símbolo de la verdadera esencia femenina.
En muchas culturas este hermoso satélite era venerado por las mujeres, en sus diferentes ciclos se desarrollaban prácticas mágicas destinadas a fomentar la fertilización de los campos. Las sacerdotisas recibían la energía de fertilidad de la deidad en beneficio de toda la comunidad. Los numerosos templos dedicados a las más diversas e importantes Diosas del mundo eran atendidos por mujeres que se convertían en perfecto canal para la manifestación de la divinidad en cuerpo y alma. Tal es el caso de las sacerdotisas Mama-Quilla en Perú o las vestales romanas, dedicadas a mantener este fuego sagrado en el templo de la Diosa-Matriarca.
Y es que había una íntima conexión entre los rituales de fertilidad femeninos y la luna, los cuales se asociaban directamente con los órganos reproductivos de la mujer y estaban estrechamente ligados a los procesos de gestación y parto.
Antiguamente, las mujeres se retiraban a descansar en un espacio destinado solo para ellas cuando menstruaban o estaban en su luna roja, la cual coincidía con la fase de luna nueva, era un tiempo en el cual compartían experiencias, vivencias o simplemente descansaban en este espacio sagrado. Actualmente algunas tribus nativo – americanas cuentan con tipis lunares, los cuales cumplen la misma función. Hoy en día estos espacios existen con el nombre de Carpa Roja, del cual estaré hablando en mi próximo post.
Por ello, se considera que las mujeres desde la antigüedad hemos sido guiadas de una forma u otra por la influencia lunar.
Generalmente y cuando estamos en equilibrio, las fases lunares coinciden con las fases del ciclo menstrual, es decir, nuestros ciclos se conectan al igual que las cuatro fases lunares: luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante.
Actualmente, las mujeres no prestamos mucha atención a los cambios emocionales y energéticos que experimentan durante nuestro ciclo; y es que intentamos vivir como si no estuviéramos influenciadas por las fases lunares, Lamentablemente desaprovechamos las potencialidades que tienen estos ciclos, pues los estados anímicos y hormonales se modifican según la fase en que se encuentra la luna.
Aquí les menciono algunas características que podemos observar en nosotras con cada uno de los ciclos:
Luna Nueva
Es la fase reflexiva, la fase oscura por excelencia, la fase del silencio, de introspección, de soledad, de adentrarnos en nosotras mismas. En esta fase nuestro cuerpo se encuentra más sensible, es momento de conectar con nosotras y escuchar nuestros pensamientos y sentimientos.
Cuarto Creciente
Tiempo de renovación, en esta fase se experimenta un aumento de energía física, es fase preovulatoria, donde todo florece. Es momento de iniciar, de crear, pues en esta fase se incrementa la concentración y planificación. Es un momento donde nosotras mujeres nos sentimos con mayor seguridad en todos los aspectos de nuestras vidas.
Luna Llena
¡Es nuestra fase expresiva sociable donde estamos empáticas a todo dar!
Estamos en la fase ovulatoria, donde tenemos una mayor capacidad de entrega a aquello que amamos. Es una fase llena de energía y vitalidad, la fertilidad está en su máximo esplendor en nosotras. Es mayor nuestro deseo sexual.
Cuarto Menguante
En esta fase del ciclo lunar nuestra energía disminuye, se incrementa la necesidad de limpiar y soltar todo aquello que no es beneficioso para nosotras. Son días de empezar a volvernos introspectivas y como los arboles soltamos todo aquello que nos inutiliza o que sencillamente no necesitamos en este momento. Es un momento donde hacemos mayor uso del lápiz y el papel, pues tendemos a sentirnos algo distraídas y olvidadizas. Algo curioso, el deseo sexual sigue incrementado en nosotras.
¿Qué sucede en la plenipausia?
Aunque no haya menstruación, esta ciclicidad permanece en las mujeres, con la diferencia de que se convierten en conocedoras de estos dones y saben instintivamente aprovechar todas las potencialidades que nos brindan cada uno de los ciclos lunares.
En conclusión, el conocer y hacer conciencia de nuestros ciclos y la influencia que tiene la luna en nosotras nos ayuda a gestionar mejor nuestra actividad y vivir a plenitud con nuestros procesos naturales.
Namasté.
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La luna en el pasado cuando las mujeres hacían su retiro eran ciclos profundamente íntimos donde aparte del campo espiritual había un pleno desarrollo personal y psicológico ya que era una etapa de introspección y reflexión que a su vez les permitía un descanso de sus haceres sociales y familiares es por ello que muchas veces en el mundo actual nos referimos a las persona que cambian su manera de actuar de manera abrupta como personas que «le ha afectado la luna» y dependiendo de cuán distante este ese actuar a la «normalidad» que nos mantienen acostumbrados tendemos a mal utilizar el término de «lunáticos» que realmente el término viene de las personas y sobre todo aquellos a quienes desde el principio de los anales de la historia estudiaban de una u otra manera a la luna.
Me parece excelente esta entrada y el enfoque de crecimiento que nos recuerda las antiguas costumbres.
Excelente comentario que enriquece mi post con tu aporte. Te abrazo desde mi corazón. Namasté
Hoy con la luna llena me siento en sincronía con ella, gracias mi querida Eugenia por recordarnos que somos mujeres sabias y con poder🙏💓
Es maravilloso el sentir como mujeres la luna y su influencia, aunado al poder que radicado en nosotras. Eso realmente nos convierte en sabias
Interesante Blog, interesantes aportaciones para nosotras las mujeres. Enriquecen nuestro ser para un bienestar.
Muchas gracias por tus comentarios