EL PUENTE ENTRE TU ALMA Y TU CUERPO
Cuando la emoción pulsa desde la raíz
“Y yo bailaba con mi sombra y en ese momento descubrí que tenía un cuerpo porque sabía que era Alma”
Eugenia Herrera.
Recuerdo que desde pequeña sentí una fuerte atracción por mi cuerpo, quería saber que había dentro de él. Imaginaba que había una yo dentro muy pequeñita que se encargaba de moverlo, pensar y realizar todas las labores que requería para estar bien. No estaba tan equivocada porque realmente somos más que un cuerpo: somos un Alma en un cuerpo que hemos elegido para transitar esta encarnación
Y es no eres solo carne, hueso y funciones; realmente tu cuerpo es mucho más que eso: es templo, mapa, es memoria; y el Alma no es solo una idea sutil: es vibración, propósito y conciencia. Entre ambos existe un puente invisible pero poderoso, donde las emociones se convierten en mensajeras. Ese puente es el lugar donde lo intangible se vuelve tangible, donde lo que sientes se transforma en movimiento, en gesto, en síntoma, en expresión.
Cuando una emoción pulsa desde la raíz, no lo hace solo con la mente; lo hace en el vientre, en el pecho, en la garganta; lo realiza en la postura, en la mirada, en el ritmo de la respiración. El cuerpo traduce lo que el Alma quiere decir, incluso cuando no encuentras palabras.
Pero…
¿Qué significa que la emoción pulse desde la raíz?
Significa que no es superficial. Que no es solo una reacción momentánea. Es una emoción que viene de lo profundo:
- De una memoria ancestral
- De una herida que aún no se ha nombrado
- De un deseo que lleva tiempo esperando ser escuchado
- De una intuición que quiere abrirse paso
Cuando esa emoción se activa, el cuerpo responde. Puede doler, puede tensarse, puede agitarse; pero también puede liberar, puede llorar, puede danzar. El cuerpo no miente; él revela lo que el Alma susurra.
Y…
¿Cómo honrar ese puente?
- Escuchando tu cuerpo sin juicio porque cada síntoma, cada incomodidad, cada sensación es una puerta.
- Respirando con presencia; éste es el hilo que une lo invisible con lo visible.
- Moviéndote con intención y conscientemente permitiendo que la emoción se exprese y se transforme.
- Nombrando lo que siente. Cuando realizas esta acción; liberas del silencio a tus emociones.
Hay varias formas de crear puentes; puedes crear rituales de conexión como encender una vela, escribirte una carta, tocar un tambor, danzar descalza/o… todo puede ser puente.
¿Qué sucede cuando cruzas ese puente?
Sucede la alquimia; tu cuerpo deja de ser solo vehículo y se convierte en aliado, el Alma deja de estar en lo abstracto y se encarna, las emociones dejan de ser carga y se vuelve guía. Y tú… tú te vuelves más tú. Más íntegra/o, más libre, más viva/o.
Recuerda que cada gesto consciente es una reverencia al diálogo sagrado entre tu cuerpo y tu Alma.
Namasté.

Otro extraordinario artículo. Muchas gracias por compartir.
Muchas gracias, es un gusto poder compartir y tener lectores como @psicologiaaldia. Abrazos!!!